Las inversiones de renta variable, como su propio nombre indica, dependen de una serie de factores que hacen que la inversión sea más o menos productiva.

Esta variabilidad se convierte en incertidumbre en una gran cantidad de casos, ya que el inversor desconoce los resultados posibles.

Existen por tanto diferentes niveles de riesgo a la hora de invertir. Cuánta más probabilidad de impago o incertidumbre exista más rentabilidad ofrece un valor. Dependerá por tanto del conocimiento y el atrevimiento de quien realiza la operación seguir adelante o no.

Inversiones en bolsa

El claro ejemplo de esta forma de hacer crecer los ahorros se encuentra en la bolsa. El mercado bursátil permite convertirse en parte, en mayor o menor medida, de una sociedad anónima. Mediante la compra de acciones el inversor puede participar de los beneficios de la sociedad por medio de los dividendos. También puede aprovechar las buenas expectativas generadas para decidir vender sus participaciónes por un valor mayor por el fueron adquiridas. En muchos casos los rumores sobre las tendencias tienen como único fin actuar en el valor de las acciones para conseguir un beneficio. Lo que se conoce con el nombre de especulación.

Existen cantidad de inversiones con renta variable. Los mismos bonos estatales son a la vez valores de renta fija o variable. Si se decide comerciar con ellos será renta variable. Si por el contrario se mantiene su propiedad para aprovechar el tipo de interés pactado será renta fija.

También se puede invertir en el mercado de divisas para aprovechar la variación en los tipos de cambio o confiar en la fluctuación del valor en bienes como el oro, la vivienda o los bienes básicos como los alimentos, opción éticamente discutida.